La Colonia Industrial, ubicada en la alcaldía Gustavo A. Madero, no es solo un barrio más en la geografía del norte de la Ciudad de México; es un testimonio vivo del optimismo modernista y la planeación urbana de principios del siglo XX.

Los parques, las glorietas, las esquinas rematadas en pancoupé y las cabezas de manzana con remates en planta que retoman el estilo art-decó es un sello único en la ciudad y probablemente en el mundo.
Breve historia de la Colonia industrial
Fundada oficialmente el 18 de noviembre de 1926, su creación marcó un hito en la forma en que se concebía la vivienda para la clase trabajadora y media en una capital que empezaba a expandirse aceleradamente. Algunos personajes ilustres como el luchador Alejandro Muñoz Moreno «Blue Demon» o el el poeta Jaime Sabines, vivieron en la colonia.
A diferencia de otras colonias que crecieron de forma orgánica o desordenada, la Industrial fue un proyecto urbanístico planeado por la empresa «Inmobiliaria de la Villa». El contexto de su nacimiento fue el México posrevolucionario, un periodo donde el gobierno y la iniciativa privada buscaban estabilizar la economía mediante la industrialización.

De ahí surge su nombre y la peculiar nomenclatura de sus calles: Fundidora de Monterrey, Acero, Hierro, Excelsior y Victoria, nombres que rendían homenaje a las empresas y materiales que impulsaban el progreso del país.
Lo que hizo a la Colonia Industrial verdaderamente innovadora en su momento fue su modelo de «ciudad jardín». En una época donde el hacinamiento era común en el centro de la ciudad, esta colonia propuso un diseño con calles amplias, camellones arbolados y, sobre todo, una abundancia de espacios públicos.

Fue diseñada bajo una estructura de retícula con glorietas, lo que permitía una circulación fluida y una estética ordenada. El proyecto integraba desde el inicio servicios que hoy consideraríamos básicos, pero que en la década de los 20 eran un lujo: drenaje moderno, pavimentación de calidad y una red de parques que servían como centros de convivencia social.

Esta visión integral buscaba que los residentes no solo tuvieran una casa, sino un entorno digno que fomentara la salud y la comunidad.
Patrimonio Arquitectónico
El patrimonio de la colonia es una joya para los amantes del urbanismo. En sus calles conviven diversos estilos que marcaron la identidad de México. Destacan las residencias con influencia Art Déco, reconocibles por sus líneas geométricas y detalles ornamentales en las fachadas.
En total son casi 200 edificaciones patrimoniales catalogadas por las instituciones en conservación del patrimonio de la ciudad.

También se encuentran ejemplos del funcionalismo y el racionalismo, estilos que priorizaban la utilidad del espacio, reflejando la mentalidad progresista de sus primeros habitantes: ingenieros, técnicos y obreros calificados.
Por qué fue disruptiva
La Colonia industrial fue innovadora porque rompió con la segregación extrema. Aunque fue pensada para trabajadores, no se construyó como un «gueto» industrial, sino como un barrio con aspiraciones de clase alta pero accesible para la clase media emergente.

Logró demostrar que el diseño urbano de alta calidad no era exclusivo de las colonias del poniente, como la Roma o la Condesa.
Hoy, la Colonia Industrial resiste como un bastión de nostalgia y tradición. Aunque el entorno industrial que le dio nombre ha cambiado, su trazado original y su espíritu de «barrio con clase» siguen vigentes, recordándonos que el urbanismo, cuando se centra en la calidad de vida y el espacio público, puede crear comunidades que perduran por generaciones.
Entre los nombres de las calles encontramos referencias a empresas e industrias mexicanas, como la Fama (hilados y tejidos), La Hormiga, La Imperial, Larín (chocolates y dulces), La Sirena, Necaxa (hidroeléctrica que desde 1906 proporcionaba energía eléctrica varios estados), Oxo, Progreso, Tolteca (cementera), La Fortuna y La Esperanza fundadas en Aguascalientes; Real del Monte (referencia a la minería en el Estado de Hidalgo); Río Blanco (textiles e hilados en Orizaba); o la Fundición de Monterrey, empresa de acero.
Cabe anotar que en realidad solo dos fábricas estaban dentro de la colonia: la Fábrica chocolatera Turín y Guantes Vargas, ya que la fábrica de Ford estaba anexa, pasando Calzada de Guadalupe, en lo que hoy es el centro comercial Plaza Tepeyac, cuya torre del depósito de agua aún se conserva.

Qué ver en la Colonia Industrial
Un paseo por las tranquilas calles de la Colonia Industrial nos permite advertir reminiscencias del estilo Art Decó y el estilo Californiano en algunas de las casas.
Instituto Mier y Pesado
Ocupando una manzana entera entre la Calzada de los Misterios y la Calzada de Guadalupe, se alza una de las joyas arquitectónicas más imponentes y menos exploradas de la capital: el Instituto Mier y Pesado.
El evidente estilo Art Déco no solo redefine el contorno visual de la delegación Gustavo A. Madero, y la colonia Industrial, sino que resguarda una centenaria historia de filantropía, pérdida y educación.
La historia del instituto está intrínsecamente ligada a la de Doña Isabel Pesado De la Llave, Duquesa de Mier. Tras la trágica y prematura muerte de su único hijo a los pocos días de nacido, y el posterior fallecimiento de su esposo, Don Antonio de Mier y Celis, la duquesa canalizó su inmensa fortuna familiar y su dolor hacia las causas sociales.
A través de su testamento en 1917, dictó la creación de la Fundación Mier y Pesado para asistir a los sectores más vulnerables de la sociedad: los niños y los adultos mayores. Su voluntad estipuló de forma precisa la edificación de centros asistenciales, entre los cuales destaca este majestuoso plantel educativo.
Diseñado por los célebres arquitectos Manuel Cortina García y Juan Segura, la edificación del complejo comenzó en 1926 e inauguró sus puertas formalmente en 1932. Concebido inicialmente como el «Orfanato para niñas San Antonio y Santa Isabel», el diseño equilibra simetría monumental y funcionalidad.
Su fisonomía exterior destaca por líneas geométricas rígidas, relieves estilizados y volumetría escalonada típica del ArtDéco de la época. A diferencia de otros monumentos históricos meramente contemplativos de la Ciudad de México, el Instituto Mier y Pesado sigue siendo una infraestructura viva. Aunque evolucionó de orfanato e internado a una escuela privada diurna, mantiene con orgullo su tradición de brindar una educación de alta calidad con enfoque humanista y costos accesibles.
El Instituto Mier y Pesado se mantiene erguido no solo como un recordatorio del esplendor del diseño de inicios del siglo XX, sino como un testimonio vigente de cómo la arquitectura y la filantropía pueden entrelazarse para moldear el futuro social de una metrópoli.
Escuela Emiliano Zapata
En la década de los 30 del siglo pasado se promovieron planes específicos para combatir el analfabetismo, que incluían la creación e impulso de lugares de formación y enseñanza. En la Colonia Industrial la Secretaría de Educación Pública construyó en 1932 para este uso la Escuela Emiliano Zapata.
Dentro de la corriente política del periodo, era corriente que a nivel artístico hubiesen actuaciones artísticas de muralistas mexicanos. Es por ello que en el interior de la escuela Emiliano Zapata halla varios murales, dentro de un edificio que sigue los patrones arquitectónicos de un “funcionalismo radical” siguiendo las tesis de Le Corbusier . En palabras de O’Gorman buscando «una arquitectura escolar simple, desnuda, fuerte, perdurable, cuya belleza consiste solamente en la armonía a la cual se sujetan las condiciones técnicas”.

Los murales son obra de Pablo O’Higgins: «La realidad del trabajo y las luchas» y «La vida y los problemas sociales» en la primer escuela y «La quema de códices» en la segunda.
El primer mural resume la explotación del trabajo infantil en las fábricas, al obrero y los ladrilleros, siempre ilustrando la difícil situación del trabajador.
El segundo mural dedicado a los trabajadores campesinos y obreros; los explotadores y un rostro con la estrella roja al fondo.
El último mural alude a Fray Diego de Landa quien destruye códices prehispánicos, enmarcado con un águila volteada de cabeza.
Casa de Cultura José María Velasco
Parroquia de la Asunción de María

Dónde comer en la Colonia Industrial
Es una colonia agradable para encontrar restaurantes donde comer. Podemos destacar dos, el Nino Capuchino especializado en Pizzas y Pasta italiana, y la Guacamaya con sus mariscos.
Para relajarnos en lugares con mucha alma y corazón, podemos degustar café de especialidad en Café Valiente y Café Obertura. Y para golosos la Bollería Mexicana en la calle Basiliso Romo Anguiano.

Cómo llegar a la Colonia Industrial
Al lado oeste de la Colonia Industrial se encuentra el gran eje viario de Insurgentes, lo que posibilita llegar en metro o metrobús 1 a la estación de Potrero. Otra opción es llegar por Calzada de los Misterios, con el metrobús L7 en la parada Excelsior Además hay microbuses que cruzan la colonia.



